Várices en el embarazo: por qué salen y qué hacer
Ver aparecer várices en el embarazo es más común de lo que parece, y casi siempre tiene una explicación clara. Te contamos por qué pasa, qué medidas son seguras mientras esperas a tu bebé y cuándo conviene consultar sin demora.
Notar las primeras várices en el embarazo puede asustar, sobre todo si es tu primer bebé y no esperabas que te fuera a pasar a ti. De hecho, es una de las consultas que más recibimos en el segundo y el tercer trimestre. La buena noticia es que, en la mayoría de los casos, tiene una explicación clara y no significa que algo esté mal contigo ni con tu bebé.
¿Por qué salen várices en el embarazo?
Durante el embarazo tu cuerpo produce mucha más progesterona que de costumbre. Esta hormona relaja las paredes de los vasos sanguíneos, incluidas las venas de las piernas, y hace que las válvulas que normalmente ayudan a la sangre a subir hacia el corazón trabajen con menos eficiencia. Parte de esa sangre tiende entonces a quedarse estancada, y la vena se dilata.
A esto se suma que el volumen de sangre que circula por tu cuerpo aumenta de forma importante para nutrir al bebé, lo que añade presión extra dentro de las venas. Y conforme el útero crece, va comprimiendo las venas pélvicas y la vena cava, dificultando aún más que la sangre regrese desde las piernas. La combinación de estos tres factores —hormonas, más volumen de sangre y compresión— es la razón principal por la que aparecen várices durante el embarazo.
Factores que aumentan el riesgo
No a todas las embarazadas les salen várices, y no siempre depende de algo que hayas hecho. Hay factores que hacen más probable que aparezcan:
- Antecedentes familiares: si tu mamá o tu abuela tuvieron várices en el embarazo, es más probable que tú también las presentes.
- Embarazos previos: con cada embarazo adicional el riesgo tiende a aumentar.
- Sobrepeso: añade presión extra sobre las venas de las piernas.
- Pasar mucho tiempo de pie o sentada sin moverte: dificulta el retorno de la sangre hacia el corazón.
Várices vulvares: otra zona donde pueden salir
Además de las piernas, algunas mujeres notan venas dilatadas en la zona de la vulva, sobre todo a partir del tercer o cuarto mes. Se conocen como várices vulvares y son más comunes de lo que se suele comentar durante el embarazo. No suelen afectar el trabajo de parto ni el parto en sí, y casi siempre se sienten como una sensación de peso o presión en la zona.
¿Las várices desaparecen después del parto?
En muchos casos sí mejoran bastante en las semanas siguientes al parto, a medida que los niveles hormonales bajan y la presión sobre las venas pélvicas desaparece. Las várices vulvares, por ejemplo, suelen resolverse sin tratamiento alrededor de las seis semanas posparto. Sin embargo, en otras mujeres las várices de las piernas persisten total o parcialmente, sobre todo si ya has tenido varios embarazos. Si eso te pasa a ti, no tienes que resignarte a vivir con ellas: en el posparto podrás evaluar con calma qué opciones existen.
Qué puedes hacer de forma segura mientras estás embarazada
Durante el embarazo, la meta es aliviar los síntomas y sentirte más cómoda, no eliminar las várices (los tratamientos definitivos, como la escleroterapia, suelen posponerse hasta después del parto). Estas medidas generales suelen ayudar y son seguras para la mayoría de las embarazadas, aunque siempre conviene comentarlas con tu médico de control prenatal:
- Usa medias de compresión durante el día; existen versiones pensadas para el abdomen creciente.
- Eleva las piernas por encima del nivel del corazón cuando descanses, varias veces al día.
- Muévete con frecuencia: camina un poco cada hora si trabajas muchas horas sentada o de pie.
- Evita cruzar las piernas por periodos largos y la ropa muy ajustada en la cintura o los muslos.
- Al dormir, intenta recostarte sobre tu lado izquierdo: reduce la presión sobre la vena cava y mejora el retorno de la sangre desde las piernas.
- Mantén una hidratación adecuada y una alimentación con buena fibra, que ayuda a evitar el estreñimiento y la presión abdominal añadida.
Tener várices en el embarazo no significa que hayas hecho algo mal. Es una respuesta natural de tu cuerpo a los cambios hormonales y de volumen sanguíneo propios de esta etapa, y en muchos casos se maneja bien con medidas sencillas del día a día.
En Seravena acompañamos a mujeres embarazadas que quieren entender qué está pasando en sus piernas y sentirse más tranquilas. Nuestro equipo de salud vascular puede orientarte sobre medidas seguras durante el embarazo y, si lo necesitas más adelante, sobre las opciones disponibles después del parto.
Señales que no debes dejar pasar
Las várices por sí solas casi nunca son motivo de alarma, pero el embarazo también aumenta el riesgo de que se forme un coágulo dentro de una vena (trombosis venosa). Por eso es importante distinguir entre la hinchazón habitual del embarazo, que suele ser en ambas piernas, y una señal de alerta en una sola pierna.
- Hinchazón que aparece de forma repentina y solo en una pierna.
- Dolor intenso o que empeora al caminar, sobre todo en la pantorrilla.
- Calor, enrojecimiento o un cambio de color notorio en la piel de la pierna.
Si notas cualquiera de estas señales, no esperes a tu próxima cita: busca atención médica pronto.